Javier y su historia con el alemán
Cuando los padres de Javier llegaron a Berlín nunca se imaginaron que iban a quedarse a vivir en esta ciudad. Tan solo llegaron para trabajar por unos meses en una compañía de arquitectos, y sin darse cuenta, ya van más de diez años viviendo en la capital germana. Su estancia estaba prevista por ese lapso de tiempo y después volverían a su natal Madrid. Sin embargo, todo cambió cuando a ambos les fue bien en la empresa en la que trabajaban. Poco a poco fueron afianzándose en esta y fueron consiguiendo mejoras en el aspecto laboral y en el económico. El tiempo fue transcurriendo y tanto Facundo como Mercedes seguían cosechando éxitos. Dos años habían pasado y todo les había salido a la perfección. Tan grandes fueron sus logros que ambos fueron ascendidos de las cargos en los que se encontraban. Cuando ya iban a cumplir el tercer año desde que llegaron a Berlín, hubo un hecho que cambió de manera radical todos los planes que tenían a futuro. Marcela quedó embarazada y tuvo que alejarse por un tiempo del trabajo. Facundo se encargó, durante todo este período, que su hijo tuviera todas las comodidades del caso. Sabía que debía darle lo mejor y por eso no escatimó esfuerzos para lograrlo. Cuando Javier nació, Marcela se dedicó a cuidarlo y pidió licencia en su trabajo. Licencia temporal que después de un tiempo se transformó en licencia definitiva. En los primeros meses tras el nacimiento del bebe se dio cuenta que su vida había cambiado y que debía cuidarlo. Facundo, por su parte, siguió en el trabajo y ayudaba a Marcela en el cuidado de Javier. Cuando este tenía cuatro años, sus padres decidieron que debía aprender el alemán tal como los demás niños de la ciudad. En un principio la decisión fue difícil ya que ellos quería que aprendiera el español. Por eso, lo matricularon al pequeño Javier en un instituto en el que pudo aprender tanto la lengua alemana como la española. Pero dándole mayor énfasis a la primera. El pequeño ya sabía algo de los idiomas debido a que sus padres los manejaban de manera fluida. En el caso del alemán, tanto Facundo como Marcela lo estudiaron cuando estaban en la universidad. Cuando llegaron a Berlín, lo pusieron en practica y con el correr del tiempo pudieron manejarlo de manera fluida. Este hecho, en sí, permitió que los dos pudieran adaptarse de la forma en que lo hicieron. Las clases que recibía Javier en el instituto le permitieron conocer no solo los aspectos gramaticales y orales del alemán y del español sino que aprendió sobre la cultura y las costumbres de ambos países. Esto fue importante porque ahora cuando ya está a punto de cumplir los siete años, conoce muchas cosas sobre su país de origen, Alemania, y sobre el país del que provienen sus padres y toda su familia, o sea, España. Hoy en día, según lo que me cuenta Facundo, su hijo se desenvuelve de la mejor manera en el manejo de ambas lenguas. Este hecho es el que tanto a él como a Marcela los tiene tan contentos. Saben que su hijo se interesará por todo lo que concierne a Alemania y además no olvidará sus raíces españolas.
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