El recuerdo de Colonia
Mientras conocemos diversos lugares del mundo uno puede disfrutar de todas las maravillas que este nos ofrece. Lo ideal es poder aprovechar al máximo cada experiencia para así poder mejorar cada vez más nuestra interacción e interrelación con las personas de otras partes del mundo. Esto sucede muy a menudo en, más precisamente a cada instante, en diversos lugares del planeta. Por este motivo, es que mucha gente trata de estudiar algún idioma para poder comprender no solo a las personas que lo hablan sino para entender de realmente la esencia de esa sociedad. Esta es la realidad de miles de personas que viajan y buscan vivir esta clase de experiencias, y una de estas es la de un amigo que viaja constantemente por diversos países del mundo. Podría decirse que casi ya no vive en un lugar fijo, deambula de país en país conociendo la mayoría de lugares que pueda. Lo que si hace es en el tiempo que permanece en cada lugar, promedio dos a tres meses, se matricula en algún instituto de idiomas que enseñe el idioma del país en el que se encuentra en ese momento. Una de sus experiencias y que sucedió hace poco fue lo que vivió en Colonia, en Alemania. Con el curso que siguió no solo aprendió a manejar el alemán de manera fluida sino que pudo hacer lo que más le apasiona en esta vida, disfrutar de todas las posibilidades que Alemania le brinda a los visitantes extranjeros. En la escuela que se matriculó conoció gente nueva y en especial aprendió nuevas cosas que desconocía de la cultura alemana. Cuando recién llegó se dio con la sorpresa que a diferencia de otros lugares las clases se realizaban en pequeños grupos de estudiantes que eran dirigidos por docentes expertos en la enseñanza del alemán. Lo primero que percibió según lo que me contó fue que los temas que se trataban en la clase estaban muy bien estructurados y podían aprenderse con suma facilidad. En el ambiente de la clase existía un clima de fraternidad que fue creciendo más y más con el correr de las clases. Esta situación hizo que mi amigo conociera una gran cantidad de personas de otras naciones. Conoció sobretodo a europeos y latinos. Algunos de Francia, de Inglaterra e Italia, así como de Brasil y Argentina. Gracias a el curso que siguió en Colonia, pudo ampliar su perspectiva en el campo cultural ya que para los encargados del instituto en el que estudió, el aprendizaje de la lengua no es lo único importante, para ellos este hecho debe complementarse de manera efectiva con la idiosincrasia alemana. Con sus manifestaciones culturales, con su sociedad, con su historia. Por eso, es que las clases que se impartían en el aula se complementaban con visitas a diversos lugares de la ciudad en los cuales se podía descubrir diversos aspectos de la sociedad alemana que se veía representada en ese momento por los pobladores de Colonia. Cuando fue a averiguar sobre todo lo que ofrecían en el instituto en el que finalmente se matriculó, pudo observar que hay diferentes opciones para los diferentes niveles de conocimiento del alemán. El ya conocía algo de la lengua teutona porque cuando era pequeño llevó algunos cursos en el colegio y por eso podía comprender al menos lo básico de esta lengua. El problema radicaba en el hecho que si iba a permanecer por un buen tiempo en Alemania y sobretodo en Colonia, visitando a una amiga, necesitaba manejar de manera fluida el alemán y no solo con algunas frases u oraciones bien estructuradas. Ese fue el motivo que lo hizo matricularse en el curso de nivel intermedio para reforzar lo que ya sabía y además poder aprender nuevos temas de la estructura gramatical del alemán. Sobretodo quería mejorar su pronunciación porque sentía que era muy deficiente en comparación con otras personas que ya conocía en Alemania y que eran extranjeros al igual que él. Lo que más le llamó la atención fue que los docentes fijaron una estructura de enseñanza en la que lo que más importante era el proceso de evolución del alumno conforme vayan avanzando las clases. El profesor mantenía una especie de vigilancia a cada estudiante para poder saber en que nivel se encontraba realmente tras las lecciones impartidas por este. Este sistema dio muy buenos resultados ya que los profesores conocían las habilidades y dificultades de cada alumno en particular, y podían lograr que estos poco a poco fueran mejorando y dejando de lado cualquier tipo de temor o desconfianza en el hecho de aprender el alemán. Mi amigo felizmente, según lo que me cuenta, no tuvo ningún problema de atraso en su aprendizaje. Para él, lo fundamental de este curso era la poca cantidad de alumnos que habían, es decir, no sobrepasaban los diez estudiantes por clase. Ese era un punto a favor del aprendizaje más rápido. El trato del profesor era más directo y a pesar de la gran cantidad de clases a la semana que llevaba, el esfuerzo valió la pena. El tiempo transcurrió y mi amigo llegó a ser uno de los mejores. Tras casi un mes de clases pudo aprender a manejar el alemán de una forma más fluida. Al terminar el curso se fue de Colonia con esa sensación de melancolía ante todo lo que había vivido en esa ciudad, pero dejo buenos amigos y sobretodo aprovechó el regalo que le dio la ciudad, aprender su lengua natal.
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