Cálidas cartas desde Alemania
De adolescente, mientras llevaba mis clases de francés en una institución de bastante prestigio en mi país, me crucé con el mural de actividades culturales que proponía el instituto. Dentro de las varias propuestas, hubo una que me pareció las más emocionante de todas (en esos días donde no existía la internet y por tanto, tampoco el correo electrónico). Se trataba de una federación internacional cuyo propósito era que las personas del mundo entero entablen comunicación entre sí.
Yo leí el artículo bastante entusiasmada puesto que siempre me había atraído la idea de un intercambio cultural con otras personas, ajenas a esta parte de la tierra. Así, me puse en contacto con la chica que estaba a cargo del grupo en mi país, y por una suma de dinero bastante mínima pude iniciar todo este intercambio.
Fabiola, que así se llamaba la encargada, me citó en su misma casa puesto que tenía que llenar algunos formularios para mi inscripción. Recuerdo que cuando llegué a la casa de ella, vi sobre su chimenea (o imitación de esta) una serie de cartas de muchas personas y por los distintos sellos sobre estas, pude darme cuenta que eran muchas las personas con las que ella se hablaba alrededor del mundo. Esto me animó mucho más en mi decisión, así que cuando empecé a llenar mis datos y mis preferencias lo hice de la mejor manera.
Así, lo que se pedía en esta agrupación internacional, era básicamente: nombre, edad y dirección; pero sobre todo pedía la elección de los países del mundo con quienes te gustaría tener correspondencia, además de indicar claramente qué idiomas uno manejaba, con qué sexo preferías entablar amistad y la edad de estos. Así que hice algunas marcas con x y entregué mi formulario. Fabiola sonrió, dobló mi aplicación con mis respuestas y la puso en un sobre (dijo que ella lo llevaría al correo).
Unas 2 semanas después, aproximadamente, recibí a un número de personas que se encontraban dentro de las características que había marcado en mi formulario. Muy entusiasmada, empecé a escribirme con ellas. Lo más interesante de todo era que a los pocos días me llegaron algunas cartas de otras personas (entre ellas Klavdija) quienes también de mi edad buscaban un intercambio cultural.
Así, unos 6 meses después, tenía algunas cartas que responder muy a menudo, pero un día, me quedé sorprendida, cuando me llegó una que tenía fecha de hace unos 6 meses atrás. Se trataba de una chica de 15 años de edad que vivía en Alemania (por supuesto que me escribía en inglés) y se llamaba Teresa. La carta había llegado con ese retraso porque Teresa había hecho un envío por mar y no por avión, esa era la razón de la demora. Su escritura no era bastante buena pero se había esmerado en hacer esta carta: le había puesto muchos colores, además había incluido unas hermosas postales de Alemania y sobre todo, algunas fotos de ella y de su familia; por tan lindo gesto de su parte, pensé que debía de responderle por haberse tomado tantas molestias hacia mi persona.
Yo pensaba que en Alemania la gente era fría (el clásico prejuicio sobre este país) pero en realidad fue la carta más genuina que había recibido en esos 6 meses. Así que mi carta tuvo las mismas características que la de ella: incluí un par de postales de mi país, además de algunas fotos de mi familia y hasta mis gatas salieron en la tomas.
Durante casi un mes espere su respuesta, y casi al término de este, me llegó una carta, que era la misma carta que yo había enviado un mes antes. Ocurría que Teresa se había mudado hace 2 (lo decía en la carta) y que nunca pudo recibir mi idéntica respuesta dándole las gracias por su lindo gesto amistoso, tan diferente al que yo había prejuiciado.
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